
-No soy una mierda, no soy una mierda- susurraba entre sollozos mientras se miraba al espejo aferrándose al lavabo, rechazo su propia mirada, se acobijo hacia la esquina del cuarto más cercana , llena de suciedad incrustada entre las juntas de las baldosas que pedian a gritos ser algo mejor, como ella, no soportaba esa sensación tan desagradable y sucia, como cuando un helado se te derite entre las manos en medio del Verano o sentir que los calcetines se encuentran sudorosos pegados a tu piel desprendiendo un hedor a sudor.
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